Descubrí Rusia

En esta sección te presentamos los relatos de nuestros alumnos sobre sus viajes a Rusia.
Si te interesa saber cómo es, qué se siente, con qué sorpresas o dificultades te podés encontrar allá, queres saber algunos tips y datos útiles, entonces este apartado es para vos. Te vas a encontrar con testimonios reales de nuestros estudiantes que han podido poner en práctica sus conocimientos, no solo en cuanto al idioma, sino también a la cultura, hábitos y costumbres de nuestro país. ¡Adelante!

 Historias de Viaje

Norberto

Rusia (1991 – 2017 – 2019)

Leer Historia

Cada viaje es uno en si mismo y todos son diferentes.
Viajé a Rusia tres veces y en cada oportunidad aprendí, vivencié, experimenté algo distinto. Eso si, el denominador común del “alma rusa” estuvo presente en cada día, cada ciudad o pueblo visitado, cada persona conocida. Me llegó a las entrañas y lo disfruté.
Y además, cada época con su particularidad. Veamos.

1991. Vivir la historia

La Unión Soviética se terminaba de desgranar. Llegué a Moscú una tarde gris de Diciembre, el avión aterrizó en una pista helada, con nieve acumulada a los lados y cuando abrió sus puertas el aire frío me reavivó. Luego de camino al centro los bloques de departamentos al mas puro estilo “realismo socialista” enmarcaban el camino, ya mas cerca, cruzamos el Moskva y comenzaron a asomarse las cúpulas de San Basilio y las murallas del Kremlin. Para mi comenzaba un amor a primera vista.


En la recepción del inmenso hotel, tal como me habían aconsejado, cambié 50 dólares para tener algo de dinero local: los pequeños billetes de rublos a cambio los llevé en dos bolsas de supermercado repletas y me duraron buena parte de la estadía.
Tantas imágenes de aquel tiempo: largas colas de mujeres emponchadas esperando comprar media botella de leche y medio pan, las tiendas GUM ofrecían solo algunos pares de zapatos y algún abrigo o gorra con orejeras. Librerías repletas de gente leyendo allí mismo. Jóvenes vendiendo rezagos del Imperio en la calle Arbat.
¡La Plaza Roja!, donde estuve el día de la dimisión de Gorbachov. La Unión Soviética ya no existía. La marcialidad de los soldados ante el mausoleo de Lenin. La bandera roja arriada por última vez.


Pero el recuerdo mas potente de este viaje, me llega desde el tren nocturno entre Moscú y San Petersburgo (la ciudad con su nombre recién recuperado ese mismo año), el día de mi cumpleaños en el que Vladimir, quien hablaba perfecto español, y con quien nos hicimos amigos, organizó el festejo con todo el vagón. De la nada, vodka, pepinos, salchichón, pan salieron a relucir para una вечеринка de toooda la noche. Y el broche de oro, Vladimir y yo, con alguna copita de mas, abrazados y recitando el trabalenguas que mi бабушка me decía cuando era chico:

Ехал грека через реку,
видит грека, в реке – рак,
сунул грека руку в реку,
рак за руку
греку цап!

Para mi se cerraba un círculo.
Luego seguirían San Petersburgo, Minsk, Kiev, vuelta a Moscú. Y siempre supe que volvería a Rusia…

2017. Emoción a flor de piel

Y se dió, volví. De mas está decir que los cambios fueron profundos: la bandera es otra, las fronteras son otras, los billetes mas grandes, las GUM de lujo, mas autos extranjeros y menos Lada, chicas y chicos a la moda, abundancia y modernidad en general.
¡Pero el “alma rusa” sigue ahí!, poco cambió en ese sentido. Patrimonio histórico y cultural, casi intacto.
En esta oportunidad, además de Moscú y San Petersburgo, visité zonas rurales y muy antiguas como Suzdal, Serguiev Posad, Vladimir. Tan pintorescas y tranquilas, con gente amable.


Aunque esta vez también hubo algo que sobresalió y me conmovió en lo profundo: 9 de Mayo, Moscú, Día de la Victoria. Todos los 9 de Mayo se celebra en Rusia el Día de la Victoria en la Gran Guerra Patria, y a lo largo y a lo ancho del país mas grande del mundo hay desfiles militares y la gente sale a las calles. Ese día me tocó estar en Moscú y lo viví como un ruso mas, emocionado hasta las lágrimas por lo que veía y concentrado en lo que estaba participando. Miles, millones de personas en las calles y avenidas principales desfilando con banderas soviéticas y rusas, con la cinta de San Jorge (a rayas negras y naranja) prendidas en el pecho con orgullo, birretes con la estrella roja sobre la cabeza y, seguramente lo mas importante, pancartas con las fotos de sus afectos que participaron en la contienda. Bisabuelos, abuelos, padres, valientes mujeres uniformadas nos miraban desde esas fotos en blanco y negro. Y en el desfile todas las etnias y edades, niños pequeñitos y viejitos condecorados. Mientras, Vladimir Putin daba su discurso, los aviones pasaban raudos, los tanques hacían temblar el piso y los soldados marchaban solemnes. Pero esto es menor al lado de esas generaciones de personas orgullosas y sufridas.
Mi costado eslavo comenzaba a desperezarse, tendría que volver…

2019. Mi “alma rusa”

Y así fue, se despertó y volví!, una vez mas.
Esta vez llegué con mas literatura leída (una vez que empecé no la pude abandonar), mas historia aprendida y por sobre todo, ya hacía unos meses que estudiaba en la Escuela de Ruso lo que me dio una libertad para poder interactuar con los nativos que antes no tenía. No voy a decir que me transformé en Pushkin de la noche a la mañana, pero pude comunicarme en el aeropuerto, en la calle pregunté por sitios donde quería ir y ¡entendí la respuesta!, me sumergí en librerías buscando todo, como en el Café Singer de San Petersburgo donde luego de hacerme de una pila de libros me senté a tomar chocolate caliente en varias oportunidades. Conversé con un músico callejero, que tocaba un tema de Kino que habíamos escuchado en clase y que mucho se sorprendió de que un argentino lo conociera. Me encontré con Яна en Moscú y fuimos a tomar una cerveza en dos oportunidades, el pedido lo hice yo y luego pedí la cuenta. ¡Que desafío adelante de mi profesora!. Simple, pero me sentí tan bien, es muy reconfortante poder comenzar a valerse con el idioma.
Visité tantos lugares naturales, artísticos e históricos. Navegué en el Moskvá, en el Neva, en los canales. Caminé. Me sumergí en Rusia. Comí las comidas de mi infancia: borsch, pelmenis, varenikes, pepinos en salmuera, blinis, kren.
También con un momento conmovedor que fue la visita al memorial del sitio de Leningrado, bajo una gran plaza circular a desnivel, donde la música de la Sinfonía N° 7 “Leningrado” de Shostakóvich suena ininterrumpidamente. Aquí puede verse un documental sobre el asedio y elementos de la época. Un sitio imperdible para quien se emocione con la historia.


Y ahora quiero mas…, así que mi próximo proyecto es subirme al Transiberiano en Moscú y viajar con rumbo Este. Allá iré, el próximo año, a seguir alimentando mi “alma rusa”.

Lucas

Viaje a Rusia 2017

Leer Historia

Cada viaje es uno en si mismo y todos son diferentes.
Viajé a Rusia tres veces y en cada oportunidad aprendí, vivencié, experimenté algo distinto. Eso si, el denominador común del “alma rusa” estuvo presente en cada día, cada ciudad o pueblo visitado, cada persona conocida. Me llegó a las entrañas y lo disfruté.
Y además, cada época con su particularidad. Veamos.
1991. Vivir la historia.
La Unión Soviética se terminaba de desgranar. Llegué a Moscú una tarde gris de Diciembre, el avión aterrizó en una pista helada, con nieve acumulada a los lados y cuando abrió sus puertas el aire frío me reavivó. Luego de camino al centro los bloques de departamentos al mas puro estilo “realismo socialista” enmarcaban el camino, ya mas cerca, cruzamos el Moskva y comenzaron a asomarse las cúpulas de San Basilio y las murallas del Kremlin. Para mi comenzaba un amor a primera vista.
En la recepción del inmenso hotel, tal como me habían aconsejado, cambié 50 dólares para tener algo de dinero local: los pequeños billetes de rublos a cambio los llevé en dos bolsas de supermercado repletas y me duraron buena parte de la estadía.
Tantas imágenes de aquel tiempo: largas colas de mujeres emponchadas esperando comprar media botella de leche y medio pan, las tiendas GUM ofrecían solo algunos pares de zapatos y algún abrigo o gorra con orejeras. Librerías repletas de gente leyendo allí mismo. Jóvenes vendiendo rezagos del Imperio en la calle Arbat.
¡La Plaza Roja!, donde estuve el día de la dimisión de Gorbachov. La Unión Soviética ya no existía. La marcialidad de los soldados ante el mausoleo de Lenin. La bandera roja arriada por última vez.
Pero el recuerdo mas potente de este viaje, me llega desde el tren nocturno entre Moscú y San Petersburgo (la ciudad con su nombre recién recuperado ese mismo año), el día de mi cumpleaños en el que Vladimir, quien hablaba perfecto español, y con quien nos hicimos amigos, organizó el festejo con todo el vagón. De la nada, vodka, pepinos, salchichón, pan salieron a relucir para una вечеринка de toooda la noche. Y el broche de oro, Vladimir y yo, con alguna copita de mas, abrazados y recitando el trabalenguas que mi бабушка me decía cuando era chico:
Ехал грека через реку,
видит грека, в реке – рак,
сунул грека руку в реку,
рак за руку
греку цап!
Para mi se cerraba un círculo.
Luego seguirían San Petersburgo, Minsk, Kiev, vuelta a Moscú. Y siempre supe que volvería a Rusia…

2017. Emoción a flor de piel.
Y se dió, volví. De mas está decir que los cambios fueron profundos: la bandera es otra, las fronteras son otras, los billetes mas grandes, las GUM de lujo, mas autos extranjeros y menos Lada, chicas y chicos a la moda, abundancia y modernidad en general.
¡Pero el “alma rusa” sigue ahí!, poco cambió en ese sentido. Patrimonio histórico y cultural, casi intacto.
En esta oportunidad, además de Moscú y San Petersburgo, visité zonas rurales y muy antiguas como Suzdal, Serguiev Posad, Vladimir. Tan pintorescas y tranquilas, con gente amable.
Aunque esta vez también hubo algo que sobresalió y me conmovió en lo profundo: 9 de Mayo, Moscú, Día de la Victoria. Todos los 9 de Mayo se celebra en Rusia el Día de la Victoria en la Gran Guerra Patria, y a lo largo y a lo ancho del país mas grande del mundo hay desfiles militares y la gente sale a las calles. Ese día me tocó estar en Moscú y lo viví como un ruso mas, emocionado hasta las lágrimas por lo que veía y concentrado en lo que estaba participando. Miles, millones de personas en las calles y avenidas principales desfilando con banderas soviéticas y rusas, con la cinta de San Jorge (a rayas negras y naranja) prendidas en el pecho con orgullo, birretes con la estrella roja sobre la cabeza y, seguramente lo mas importante, pancartas con las fotos de sus afectos que participaron en la contienda. Bisabuelos, abuelos, padres, valientes mujeres uniformadas nos miraban desde esas fotos en blanco y negro. Y en el desfile todas las etnias y edades, niños pequeñitos y viejitos condecorados. Mientras, Vladimir Putin daba su discurso, los aviones pasaban raudos, los tanques hacían temblar el piso y los soldados marchaban solemnes. Pero esto es menor al lado de esas generaciones de personas orgullosas y sufridas.
Mi costado eslavo comenzaba a desperezarse, tendría que volver…

2019. Mi “alma rusa”.
Y así fue, se despertó y volví!, una vez mas.
Esta vez llegué con mas literatura leída (una vez que empecé no la pude abandonar), mas historia aprendida y por sobre todo, ya hacía unos meses que estudiaba en la Escuela de Ruso lo que me dio una libertad para poder interactuar con los nativos que antes no tenía. No voy a decir que me transformé en Pushkin de la noche a la mañana, pero pude comunicarme en el aeropuerto, en la calle pregunté por sitios donde quería ir y ¡entendí la respuesta!, me sumergí en librerías buscando todo, como en el Café Singer de San Petersburgo donde luego de hacerme de una pila de libros me senté a tomar chocolate caliente en varias oportunidades. Conversé con un músico callejero, que tocaba un tema de Kino que habíamos escuchado en clase y que mucho se sorprendió de que un argentino lo conociera. Me encontré con Яна en Moscú y fuimos a tomar una cerveza en dos oportunidades, el pedido lo hice yo y luego pedí la cuenta. ¡Que desafío adelante de mi profesora!. Simple, pero me sentí tan bien, es muy reconfortante poder comenzar a valerse con el idioma.
Visité tantos lugares naturales, artísticos e históricos. Navegué en el Moskvá, en el Neva, en los canales. Caminé. Me sumergí en Rusia. Comí las comidas de mi infancia: borsch, pelmenis, varenikes, pepinos en salmuera, blinis, kren.
También con un momento conmovedor que fue la visita al memorial del sitio de Leningrado, bajo una gran plaza circular a desnivel, donde la música de la Sinfonía N° 7 “Leningrado” de Shostakóvich suena ininterrumpidamente. Aquí puede verse un documental sobre el asedio y elementos de la época. Un sitio imperdible para quien se emocione con la historia.
Y ahora quiero mas…, así que mi próximo proyecto es subirme al Transiberiano en Moscú y viajar con rumbo Este. Allá iré, el próximo año, a seguir alimentando mi “alma rusa”.

Lautaro

Viaje a Moscú y San Petersburgo (febrero 2019)

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Moscú

No lo sabía antes de ir, pero Moscú representa todo lo que uno espera de Rusia.

Como toda gran ciudad no se caracteriza por su calidez. Es bulliciosa y dinámica. Es la ciudad más grande que vi en mi vida, está fuera de escala. Caminar por sus calles y ver las magníficas construcciones es la experiencia más cercana a sentirse una hormiga que uno puede tener. Supera todo lo que yo vi hasta ahora.

Sin embargo, estas dimensiones extraordinarias se combinan con una influencia muy fuerte del universo revolucionario y, a la vez, del folclore tradicional ruso, lo que le aportan un alto grado de humanidad. Es una ciudad mucho más compleja que San Petersburgo. También diría que es más vital. Si bien moverse es más difícil y la gente es menos amable que en Piter, es una ciudad en la que estar perdido es el mejor plan posible. No es fácil orientarse ni encontrar lo que uno está buscando. Pero a la vuelta de la esquina hay algo aún más extraordinario que lo anterior.

La oferta cultural es casi infinita. Está lleno de teatros, salas de conciertos, festivales, etc. Es cierto que acceder a esta oferta es más difícil que en San Petersburgo, pero con un nivel básico de idioma ruso, es posible.

Después de visitar ambas ciudades creo que me quedo con Moscú. Si bien Piter tiene una belleza natural y arquitectónica mayor, Moscú es mucho más excitante para el turista. Puede ser que no lo sea si uno planea vivir, pero sin dudas la vida turística en Moscú es más rica. Historia, arte y arquitectura conviven acá de un modo más frenético que en San Petersburgo, donde todo resulta lindo pero formal.

San Petersburgo

Llegar a San Petersburgo en febrero, contra todo pronóstico, fue una experiencia más que cálida. Lógicamente no fue por el clima (alrededor de los -10°C), sino porque lejos de la “frialdad” rusa, me encontré frente a una ciudad con alma de pueblo. La ciudad parece sacada de un cuento de hadas. Todo está construido para el deleite. Si bien estuve casi todo el tiempo caminando sobre la nieve, la estructura de la ciudad se aprecia en cualquier momento del año que uno la visite. Sus islas, sus canales, sus puentes, sus edificios públicos parecen construidos para hacerte sentir que estás en cualquier capital europea pero elevada al cuadrado. La gente es agradable y aún más cuando ven que hablás un poco al idioma. Nunca tuve un problema que no haya podido resolver con la ayuda de algún transeúnte. Si bien la mayoría de los edificios son inmensos, uno nunca se siente avasallado.

La ciudad está plagada de cafés, bares y negocios interesantes. Incluso en el peor momento del invierno se pueden ver artistas callejeros, bandas tocando, dibujantes, etc. Realmente es la capital imperial de Rusia. Se puede decir que es una ciudad bastante alegre.

Sin embargo, si bien en Piter hay mucha cultura joven, la impresión que me dio fue un poco antigua. Sentí que es una ciudad muy ligada a la Rusia pre-revolucionaria. No es fácil encontrar referencias al período soviético. Tampoco se ven cosas ligadas al folclore ruso. Tiene una belleza más clásica y formal.

En resumen, al igual que todo lo que vi en Rusia, San Petersburgo resulta exótica y, a la vez, familiar.

Cocina Rusa

Ensalada Olivier (ensalada rusa)

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Ingredientes:
1. 300 gr. de carne de pollo cocida
2. 3-4 papas
3. 2 zanahorias
4. 2 pepinos marinados o agridulces
5. 4 huevos duros
6. 1 lata de arvejas
7. Mayonesa a gusto
8. Sal a gusto

Preparación:

1. Dejar un huevo aparte para decoración. Cocinar las papas y las zanahorias sin pelar. Dejar enfriar y luego pelarlas. Cortar en cubitos las papas, 2 huevos y los pepinos. Cortar el pollo en cubitos o en fetas finitas. Añadir las arvejas y la mayonesa y mezclar. Condimentar con sal a gusto.

2. Servir en forma de montaña en ensaladera o en bandeja. Luego se puede untar con mayonesa y añadir huevo rallado encima. También se puede decorar con hojas verdes y con aceitunas verdes o negras.

Pulsera de granates

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Ingredientes:

1. 250 gr. de pollo (pata o pechuga, deshuesada)

2. 2 papas

3. 2 remolachas

4. 2 zanahorias

5. 2-3 huevos

6. 1 cebolla

7. 1-2 granadas

8. Aceite para freír

9. Mayonesa

10. Sal

11. 2 cucharadas soperas de nueces

12. Pimienta recién molida

13. 1 hoja de laurel

Preparación:

Lavar bien las verduras (remolachas, zanahorias, papas) y colocarlas en una cacerola con agua fría. Cocinar hasta que estén blandas (20-25 minutos).

A medida que se vayan haciendo, retirar las verduras de la cacerola.

Dejar enfriar las verduras y luego pelarlas.

Rallar las verduras en distintos recipientes.

Colocar el pollo en una cacerola con agua hirviendo y dejarlo allí cocinándose: si es pechuga -filet deshuesado-, por 15-20 minutos; si es pata, por 40 minutos.

15 minutos antes de que termine de cocinarse, condimentar con sal y añadir una hoja de laurel.

Preparar huevos duros en agua con sal.

Una vez hechos, poner los huevos en una cacerola con agua fría y dejar enfriar. Luego sacar la cáscara y rallar.

Pelar la cebolla, picarla fino o en aros y saltearla en aceite hasta que esté blanda.

Picar las nueces con cuchillo o en una procesadora.

Colocar un vaso limpio en el medio del plato donde vamos a servir la ensalada.

Ir sirviendo la ensalada alrededor del vaso en capas.

1° capa: la mitad del pollo + sal + pimienta + mayonesa

2° capa: zanahoria + sal + pimienta

3° capa: papa + sal + pimienta + mayonesa

4° capa: nueces

5° capa: la mitad de la remolacha + sal + pimienta + mayonesa

6° capa: nueces

7° capa: cebolla salteada

8° capa: la otra mitad del pollo + sal + pimienta + mayonesa

9° capa: lo que queda de nueces

10° capa: huevo + sal + pimienta + mayonesa

11° capa: la otra mitad de la remolacha + sal + pimienta + mayonesa

Retirar el vaso y untar bien la ensalada con mayonesa.

Cubrir la ensalada con granos de granada.

Envolver el plato de la ensalada con papel film y dejar en la heladera toda la noche para que la ensalada se humedezca bien.

Borsch

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Ingredientes:

1. 500 gr. de carne

2. 4 papas

3. 1 cebolla

4. 2 zanahorias

5. 5 remolachas pequeñas

6. 2 tomates

7. 200 gr. de repollo

8. Aceite

9. 1 morrón

10. Sal y pimienta a gusto

11. Mix de hojas verdes a gusto

Preparación:

Lavar la carne. Colocarla en una cacerola con agua y luego de que hierva cocinarla durante una hora o hasta que la carne esté blanda. Cortar la cebolla en aros, pelar la zanahoria y rallarla. Picar el repollo. Pelar la papa y cortarla en cubitos. Pelar la remolacha y rallarla. Cortar el morrón y el tomate en cubitos. Retirar la carne del caldo. Añadir la papa y el repollo. Cocinar media hora. Aceitar la sartén. Saltear la cebolla, cinco minutos después añadir la cebolla y la remolacha. Luego de otros cinco minutos añadir el morrón y el tomate. Cocer a fuego lento por 15-20 minutos. Luego añadir las verduras salteadas al caldo y cocinar todo junto por 10 minutos. ¡Buen provecho!

Draniki

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Ingredientes (para cuatro personas):

1. 6-8 papas

2. 1 cebolla

3. 1 huevo

4. 5 cucharadas soperas de harina

5. Aceite

6. Sal y pimienta a gusto

Preparación:

Pelar las papas y rallarlas. Romper el huevo y añadir la harina. Pelar la cebolla y picarla fino. Añadirla a la papa. Mezclarlo todo bien con las manos. En la palma de la mano, formar croquetas con la mezcla. Aceitar la sartén. Colocar las croquetas en la sartén y cocinar a fuego alto 5 minutos de cada lado.